Carta a las Fraternidades
Queridos Hermanos: PAZ - SALAM - PEACE - PACE - PAIX - FRIEDEN a
todos vosotros.
Reunidos en El Cairo en la Asamblea General de IESUS
CARITAS, los 44 sacerdotes que hemos venido de 26 países, les hacemos llegar
nuestro saludo fraternal.
Muchos de ustedes contribuyeron a la preparación de
este encuentro, al final de este Año Santo 2000, al celebrar el 50° aniversario
de nuestra Fraternidad, con sus revisiones de vida, sus sugerencias y
oraciones. Gracias a todos ustedes.
Después de los 17 días pasados juntos en el
Seminario Mayor Copto-Católico de El Cairo, hemos podido constatar que este
lugar ha marcado el clima de nuestro encuentro, ya que es un punto convergente
de la antigua cultura egipcia, de la tradición de las antiguas Iglesias
cristianas con la riqueza de sus ritos y la voz del Islam que se oía cada día
desde las torres de las mezquitas. Después de trece siglos el Cristianismo y el
Islam conviven de forma pacifica en Egipto dándonos testimonio de una oración
dirigida al Dios Único. Poder orar los unos por los otros es una experiencia
nueva y beneficiosa para los miembros de la comunidad cristiana.
Si bien la Iglesia Copto-Católica, con el Patriarca
Estefanos II nos ofreció su hospitalidad en el Seminario Mayor, le tocó a su
hermana, la Iglesia Copto-ortodoxa, recibirnos en la persona de su Patriarca
Shenouda III en su Catedral de San Marcos. Durante más de una hora escuchamos
su conferencia espiritual sobre la simplicidad del corazón dentro de la mejor
tradición de los Padres del Desierto.
Este desierto pudimos descubrirlo, maravillados,
durante los días de nuestra estancia en el monasterio Copto-ortodoxo de San
Macario, fundado en el siglo IV, situado en Wadi-el-Natrum, entre El Cairo y
Alejandría. Unos cien monjes rezan y trabajan allí para fertilizar el desierto.
Nunca podremos olvidar lo que el Hermano Wadid nos dijo sobre las condiciones
para ingresar en el monasterio: "que el candidato haya sentido latir su
corazón por el amor del Señor, por lo menos una vez" (citando a San
Macario). Dos días excepcionales de desierto que han dejado huellas en nuestros
corazones y nos hacen sentirnos agradecidos por esta oración que no ha cesado
desde hace 16 siglos.
En este monasterio pudimos comprender mejor hasta
qué punto la experiencia espiritual de Carlos de Foucauld, se sitúa en la misma
línea de los primeros Padres del Desierto, tanto en su relación con Dios como
en su relación con los hermanos. Al regresar del desierto, iniciamos la gran
revisión de vida de la Fraternidad para descubrir juntos los signos de Dios y
la gracia de Cristo presente a lo largo de los últimos seis años. Sus rostros,
sus fraternidades, sus vidas y sus luchas diarias, se nos lucieron presentes a
través de los Informes Regionales. Dios nos regaló sus dones en medio de esta
Asamblea, a través del carisma de cada hermano. Estos dones nos exigen cada vez
mas y nos plantean nuevos desafíos, como los que les comunicamos en el texto
anexo.
Nuestras liturgias estuvieron animadas por el
espíritu y el carisma de nuestros hermanos de los diferentes continentes:
cantos latinoamericanos, indonesios y en lenguas africanas; misa con gestos y
símbolos asiáticos y africanos. Se nos entregó una estola bordada por las
Carmelitas con el signo del corazón y la cruz y el símbolo del antiguo Egipto,
la llave de la vida en forma de cruz. ¡Qué espontaneidad y diversidad en
nuestras celebraciones, que ampliaron nuestros horizontes y nos proporcionaron
tanta alegría! Hemos ido a las fuentes de nuestra espiritualidad: celebración
del amor de Dios, adoración silenciosa, y testimonio de la obra de Dios en
nuestras vidas que preceden todos nuestros esfuerzos. En nuestro encuentro
hemos querido colocar el "Ser" antes que el "Hacer".
La Fraternidad, por su misma existencia, es un signo
del trabajo pacificador del Señor más allá de nuestras fronteras, que puede
llegar hasta el don de la vida, como lo mostró el testimonio de nuestro hermano
Denis Sekaman, que nos habló de la guerra fratricida de Ruanda y que ha dejado
heridas que todavía no han cicatrizado. Con lágrimas en los ojos, escuchamos su
testimonio sobre sus cuatro años de cárcel y la muerte de nuestro hermano
Justin Furaha.
¡Cómo no sentimos conmovidos al escuchar que hubo
117 sacerdotes asesinados durante este período! Evocamos también los numerosos
casos de represión y de persecución que viven tantos hombres y mujeres en los
países con los que estamos relacionados a través de nuestros hermanos. Al no
ver la posibilidad de intervenir directamente nos dirigimos a las fraternidades
locales para expresarles nuestra solidaridad. Tenemos presente sobre todo a la
República Democrática del Congo, representada por nuestro hermano Adrien
Cishugi Kalanga, que nos informó sobre la situación en su país. Recientemente
su obispo, Mons. Kataliko, dio prueba de valor al arriesgar su vida denunciando
públicamente a los poderosos de su país.
La Asamblea quiso expresarse en favor de los pobres
de Irak dirigiéndoles una carta de solidaridad a través de sus obispos.
Igualmente dirigimos sendas cartas al presidente de los Estados Unidos de
Norteamérica y al presidente de la Comunidad Económica Europea solicitándoles
el final del bloqueo.
En cuanto a Europa, saludamos los esfuerzos de
varios hermanos que acogen en sus parroquias a los que piden asilo político,
luchando así contra la exclusión y el temor frente al extranjero y oponiéndose
al renacimiento del racismo.
En primer lugar, quisiéramos agradecer a Mons. Paúl
Antaki, obispo griego-melkita de Egipto y Sudán, quien tan maravillosamente nos
acogió en nombre de la Fraternidad de El Cairo.
Agradecemos de manera especial al Consejo
Internacional compuesto por Jim Murphy, Emmanuel Asi, Don Hanchon y Jean-Marie Pasquier por el enorme trabajo que hicieron
antes y durante esta Asamblea. Todos los presentes le agradecimos calurosamente
el tiempo, el esfuerzo y el cariño que han puesto en su servicio durante estos
últimos seis años. Valoramos grandemente el trabajo minucioso del Equipo de
Secretaría: Bernardette Cadi de EE.UU., Lucie Asmar de El Cairo y Shafique
Haddaya de Pakistán. Queremos también agradecer a
las Hermanas y al personal de la cocina. Todo estuvo bien preparado. Sin la
buena participación de la Fraternidad local de El Cairo, no hubiera sido
posible organizar esta asamblea.
Compartimos una tarde con las Hermanitas y Hermanitos de
Jesús, acompañados de un matrimonio de la Fraternidad
secular de El Cairo que, junto a la presencia del Hermanito
Boutros, nos motivaron mucho y nos confirmaron que
hay realmente una familia de Carlos de Foucauld en
Egipto.
El testimonio personal de Henri
Le Masné nos recordó los principios y las
intuiciones de las Fraternidades.
La elección del nuevo Responsable General fue
preparada y vivida con mucha seriedad. Los candidatos se presentaron largamente
en un ambiente de oración y discernimiento. Fue presidida por nuestro antiguo
Responsable General Tony Philpot. En la segunda
vuelta, fue elegido Mariano Puga de Chile, quien escogió, para ayudarle en su
nueva tarea a Felicien B.
Endjimoyo Asehara, de
la República Centroafricana, Antonio Llanes de Filipinas y Helmut
Schmitz de Bélgica. Llegamos a un momento histórico
de nuestra Fraternidad: en el que su rostro será cada vez más asiático,
africano, latinoamericano. Este cambio facilitará
mejor aún la transmisión universal del mensaje de Cristo. Deseamos al nuevo
Responsable General y a su equipo un buen trabajo en favor de la Fraternidad.
Somos cada vez más conscientes de que una verdadera
renovación de la Iglesia saldrá del desierto de nuestra vida interior v del
compartir con los hermanos, como lo muestran tanto el ejemplo de los Padres del
desierto en Egipto como el Hermano Carlos en Tamanrasset.
Acojamos este desierto bajo diferentes formas como
el signo de Dios para nuestro tiempo y así la Iglesia tendrá un rostro más
fraterno y acogedor para todos los hombres y mujeres en búsqueda.
El Cairo, 23 de noviembre del año
del Jubileo de la Encarnación, en el que Dios se hizo POBRE en Belén y se
identificó con los POBRES del mundo.